“Lleva tiempo llegar a ser joven”, dijo Pablo Picasso. Él, a través de su obra, lo ha conseguido después de muerto. Su figura y sus pinturas despiertan el mismo interés y conser­van la misma frescura que hace 40 años. Mientras el artista español protagoni­za una exposición en el Metropolitan de Nueva York y en el MOMA, un cuadro suyo, Desnudo, hojas verdes y busto (1932), se ha convertido en la obra de arte vendida en subasta más cara de la historia. Se adjudicó por 106,48 millones de dóla­res (unos 81,9 millones de euros).

La venta tuvo lugar el martes en la sede neoyor­quina de Christie’s. Al mismo tiempo que la Bolsa de Wall Street se desplomaba, los coleccio­nistas subían millón tras millón en una carrera por hacerse con la obra de Picasso, que se saldó con la victoria de un compra­dor que pujaba por teléfo­no y cuyo nombre no se ha hecho público. Hacía cinco décadas que el cuadro no se veía en público, desde que el constructor millonario de EE UU, Sydney F. Brody, lo comprase en 1951. Des­nudo, hojas verdes y busto, un retrato de la amante del artista, Marie-Thérèse Walter, desbanca así el récord de El hombre que camina de Alberto Giacometti, subastado en la sede de Sotheby’s de Londres en febrero –una obra que, a su vez, superó la marca que desde 2004 había ostentado el propio pintor malagueño con Muchacho con pipa–. El arte mira a la crisis por encima del hombro. “Picasso nunca ha pasa­do de moda; vendemos obras suyas desde hace muchísimo tiempo y siem­pre reciben una gran aten­ción”, comenta Cristiano de Lorenzo, de Christie’s. Según él, frente a autores menos conocidos cuyo valor puede ser más espe­culativo, los inversores están apostando por los pesos pesados. “Tenemos artistas jóvenes que alcan­zan precios muy altos, pero ninguno a este nivel. Los compradores siempre están dispuestos a pagar por las obras de mayor calidad”, comenta. “Los récords de Giaco­metti y Picasso muestran que sigue habiendo inver­sores interesados en com­prar arte, si bien optan por valores seguros; es decir, artistas consagrados”, explica Elisa Hernando, directora de la consultoría Arte Global. “Según Artprice, 2010 se inaugu­ró en el mercado del arte con una contracción del 10% de los precios, frente al 37% del año anterior, lo que indica que la recupe­ración es efectiva. Las variaciones económicas afectan al mercado del arte, pero en menor medi­da a los artistas consagra­dos”, añade. “Todo esto indica que para las obras verdadera­mente buenas sí que hay mercado”, subraya Andrew Montgomery, de Sotheby’s. Pero las casas de subastas rechazan la definición del arte como refugio frente a la crisis. “Las buenas obras son un valor seguro, pero nosotros enfocamos el negocio con la preocupa­ción de crear colecciones, no de ofrecer activos finan­cieros. Estas obras no son fáciles de vender de nuevo”, opina. “Nuestro trabajo tiene más que ver con la pasión que con las inver­siones”, sentencia Cristia­no de Lorenzo. Y pasión, desde luego, no le faltaba a Picasso, que afirmó: “Yo no busco, encuentro”, y que, sin pretenderlo, ha encon­trado la inmortalidad.

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