Hace unos días hablaba con una amiga artista y me contaba maravillada la historia de un coleccionista. El Sr. X, por eso de guardar su anonimato, es un entusiasta del arte, él se enamora de las obras de arte y las compra. Pero resulta que el Sr. X no es rico, es un funcionario de unos cuarenta años que para adquirir su pasión pide préstamos, tiene un apartamento sin sillón y su familia le echa la bronca por “gastarse dinero” en arte. Pero a él no le importa, asiste a ferias como ARCO, visita galerías, lee asiduamente revistas de arte y compra cuando cae rendido ante una pieza. El Sr. X disfruta con su pasión, el arte, y el artista quiere más coleccionistas así. Los últimos veinticinco años el arte ha experimentado una evolución hacia lo que llamamos economía de mercado donde los precios se rigen por las variaciones de oferta y demanda. En el momento que el precio del arte ha sido objeto de especulación, han entrado “inversores” dispuestos a enriquecerse a costa de comprar y vender. Muchos de estos “Sres. Y” no buscan el disfrute del arte, no se entusiasman colgando las obras en su casa u oficina, no les interesan asistir a ferias o galerías y, en muchos de los casos, compran un nombre pero desconocen la trayectoria artística y el lenguaje plástico del autor. Esta tendencia se ha acelerado durante los últimos cinco años en mercados, como el chino donde los precios de artistas, con un escaso curriculum, subían a 150.000 dólares durante las subastas. Pero esto un arma de doble filo.
Según publica Art Price, web especializada en información del mercado del arte, los precios en Estados Unidos entre el 2005 y el 2008 crecieron un 67% y la rentabilidad media anual está cercana al 10%. La recesión internacional está produciendo una corrección de los precios inflados artificialmente, fundamentalmente, por la salida de muchos de los “Sres. Y”. Los galeristas luchan por defender su mercado ya que el arte no puede perder valor, como argumentaba Soledad Lorenzo. Pero la realidad es que internacionalmente las subastas han tenido a favorecer la especulación y nos encontramos ante una situación de ajuste.
Volvemos al Sr. X, el amante entusiasta del arte, a él no le va a importar las variaciones en los precios, todo lo contrario, las va a aprovechar para comprar más barato. Él va a seguir formándose y disfrutando con sus adquisiciones. En su mente el arte es un valor refugio frente a la especulación. ¡Menos mal que existen muchos Sres. X, verdaderos pilares del mercado del arte!. ¡Ojala se comprase más por amor al arte!




